Entre las cálidas arenas del desierto a tres kilómetros de Dakar se eleva sobre el mar la Isla de Goree

Durante más de tres siglos constituyó uno de los mercados de esclavos más importantes aprovisionando a Estados Unidos, el Caribe y Brasil especialmente. 

En el centro de la isla, se encuentra como recuerdo de esta época la primera casa de los esclavos, construída bajo la conquista portuguesa por el neerlandés en 1776 en la que destacan dos grandes escaleras frontales, pensadas a modo de pasarelas o escaparates.

La construcción ha sido convertida por la Unesco en museo.

Seck decidió dejar atrás su casa y su familia para llegar a España en el año 2010 en busca de un futuro mejor pero también llevado por su ambición. Pasó temporadas en la costa mediterránea ganándose la vida como podía, como mantero de feriantes. Escapó de la isla de la esclavitud para ser esclavo de la vida de autónomo siendo hoy en día su propio jefe.  

Junto a otras personas de diferentes nacionalidades creó una cooperativa que tomó forma como tienda, en un pequeño local lleno de color en la oscuridad de los pasillos del Centro Comercial A Laxe. 

La dificultad de Goree African Soul no sólo estriba en lo diferente de su cultura con la española. La primera humilde, en la que existen valores férreos como el concepto de trabajo duro y de familia; la segunda consumista, de una manera que casi se infravalora la manufactura y el mimo a los productos. 

Sus precios obviamente más elevados que otras tiendas cercanas de producción en serie y calidad low cost, atienden precisamente al cariño con el que se ejecuta cada prenda o al largo viaje que han hecho alguno de los artículos que podemos encontrar entre las cuatro paredes del local: ropa, artículos de decoración y joyería que antes estaban al alcance de unos pocos que tenían el honor de poder visitar uno de los países más desconocidos y misteriosos del mundo. 

Sus telas wax, denominadas así por ser confeccionadas con cera de abeja que se va superponiendo en capas creando los estampados y sus característicos volúmenes y tacto, son importadas de Holanda, dado que fabricarlas en el propio país sería demasiado caro. En origen, estas telas realizadas a partir de algodón cien por cien sí que se producían en África, siendo un producto autóctono y particular de su cultura. Pero las casas holandesas han sabido mantener el carisma, la vívida gama de colores y estampados peculiares que hacen de cada prenda y accesorio de la tienda algo especial, exclusivo y único. 

Estas telas poseen gran calidad debido, precisamente, a que es necesario que las prendas duren lo máximo posible. Sus colores y estampados divertidos tienen su razón de ser para que sirvan perfectamente para hacer frente al calor de un día cotidiano en el desierto como para que la prenda sea apta para un evento especial. 

De un mismo cuadrado de tela pueden producirse un vestido, una falda (corta, larga, midi; siendo estas últimas las que más éxito tiene entre su clientela); tops, pantalones, bolsos y hasta pendientes. 

Su clientela lo sabe y por ello ha encandilado al vecindario y a extranjeros que hacen un alto en el camino de sus trayectos en el puerto de Vigo, que compran y adquieren sus prendas, sabiendo que no habrá en el mundo una igual a la que cuelga entre sus manos. 

Por desgracia, en general, nos hemos olvidado que la exclusividad, ese lujo de tener algo que otro no tiene, se paga. Y en consecuencia, hemos denostado y despreciado la cantidad en pos de la calidad. 

En la planta segunda del Centro Comercial se materializa la metáfora o los dos extremos de un mismo hilo: en el puerto de Vigo otros como él que buscan ascender en la vida y él que ya lo ha conseguido. 

Foto principal: Chema Caballero Google

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