La música ha estado siempre presente en la vida de Alex Ortegah, artista musical emergente. No como un hobby pasajero, sino como un refugio constante. Cantar, escribir y soñar con crear canciones propias formaba parte de su día a día, aunque durante mucho tiempo pensó que ese camino solo estaba reservado para quienes ya eran “alguien” en la industria.

Tras un periodo personal de aislamiento, sin apenas contacto social, surgió la pregunta clave: ¿por qué esperar? En cuestión de días, con un beat descargado de YouTube y un móvil como herramienta inicial, Alex Ortegah comenzó a componer y grabar sus primeros temas. A partir de ahí, el proceso fue orgánico: lanzamiento de singles, mejora del equipo, crecimiento artístico y desarrollo vocal. El resultado de ese camino es ALQUIMIA, su primer álbum, publicado en julio de este año.
Desde el principio, el artista tuvo claro que su debut debía ser un proyecto conceptual. ALQUIMIA es un disco que narra, canción a canción, el recorrido emocional de una relación abusiva, fusionando sonidos pop, R&B e indie. El álbum se construye como un relato: comienza con la idealización del otro y la confusión entre amor y dependencia, y avanza hacia la toxicidad, el desgaste emocional y la pérdida de identidad.
Un recorrido por el álbum
A lo largo del disco, temas como “Principal”, “Peleamos” o “Conexión” reflejan el deterioro progresivo de la relación. Más adelante, canciones como “FIN DEL MUNDO” o “Amor???” plantean preguntas incómodas sobre el sacrificio personal y el precio de quedarse. El álbum también retrata el bucle emocional de romper, volver y volver a romper, una dinámica habitual en relaciones dañinas, abordada en canciones como “Prefiero”, “Back 2 U” y “Nos vuelvo a dejar”.
La segunda mitad del disco se adentra en el vacío posterior a la ruptura, la depresión y la reconstrucción personal. Temas como “Drogado de dolor”, “Dreams”, “Vacío” o “In My Head” ponen el foco en la salud mental, el duelo emocional y los pensamientos autodestructivos. El concepto de ALQUIMIA cobra aquí pleno sentido: transformar el dolor en otra cosa, aunque el proceso implique atravesar zonas oscuras.
Y canciones como “Donde siempre” y “Bye” reflejan ese momento en el que, incluso desde el amor propio, aparecen las dudas y la nostalgia por lo que fue, por dañino que resultara.

Visualmente, la portada del disco refuerza el concepto del dolor transformado, inspirándose tanto en referentes pop contemporáneos como Billie Eilish —con sus lágrimas negras— como en la iconografía religiosa del sufrimiento. En lo musical, Alex Ortegah cita a Ariana Grande, Amy Winehouse y Pol Granch como influencias clave en melodía, composición y forma de narrar emociones.
ALQUIMIA no es solo el álbum debut de Alex Ortegah: es un ejercicio de honestidad radical. Un proyecto autobiográfico que, en palabras del propio artista, fue una tabla de salvación en sus momentos más oscuros. Un ejemplo claro de cómo la música sigue siendo, para muchos artistas emergentes, una herramienta de supervivencia, transformación y verdad.
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